Toda la redondeza del mundo
Ciencia y experiencia de la primera circunnavegación
José María García Redondo i Vicente Pajuelo Moreno (eds.)
Toda la redondeza del mundo. Ciencia y experiencia de la primera circunnavegación, amb edició a cura de José María García Redondo i Vicente Pajuelo Moreno, aborda aspectes del viatge de Fernando de Magallanes (1519-1522) relatius als sabers geogràfics, la cartografia, l’art de navegar i els instruments nàutics. Wolfgang Köberer és autor del capítol «La determinación de la latitud en el mar a inicios del siglo XVI y el diario de Francisco Albo», del qual reproduïm el començament.
«La determinación de la posición geográfica —un problema conocido y resuelto desde la Antigüedad— […] parece haber entrado en la navegación y en los viajes de larga distancia de los navegantes europeos solo a finales del siglo XV, cuando los marinos portugueses navegaron hacia el sur a lo largo de la costa de África Occidental en busca de comercio, oro y un posible contacto con el legendario Preste Juan. Como estas aguas eran desconocidas para ellos y los barcos se aventuraron más allá de las costas, hubo que encontrar medios para describir y averiguar el camino de la nave y del viaje de vuelta. Ir hacia el sur y volver hacia el norte llevaba, obviamente, a describir el camino determinando las latitudes de los cabos, los puntos de referencia y los puertos. Así, la búsqueda de la posición mediante métodos astronómicos pasó a formar parte del haven-finding art o “arte de encontrar puertos”. […]
»El primer método para encontrar latitudes descrito en los manuscritos y manuales portugueses consistía en la observación de la estrella polar. […] Se utilizaba para saber si un barco había llegado a la latitud de Lisboa, ya que el viaje de vuelta desde África Occidental solía realizarse a través del Atlántico fuera de la vista de la costa. […] Como en aquella época Polaris estaba más lejos del polo norte celeste —y, por tanto, una simple observación de su altura no podía dar la verdadera latitud—, había que aplicar una corrección en función de su posición durante la noche. Esta corrección se mostraba en un diagrama circular que representaba el movimiento circular de Polaris alrededor del polo norte celeste utilizando como referencia la posición de dos estrellas de la Osa Menor, las Guardas. En el diagrama más antiguo, la altura de Polaris en la latitud de Lisboa se escribía en el círculo del diagrama indicando al navegante si había llegado a esa latitud y si ahora podía navegar hacia el este para llegar a dicho puerto. Más tarde se anotaron en el círculo los valores de la corrección necesaria para que la latitud por Polaris pudiera calcularse en cualquier lugar midiendo su altura con un cuadrante o un astrolabio y aplicando la corrección necesaria a partir del diagrama. Es evidente que esto supone pasar de un simple procedimiento de comparación de una observación con un diagrama fijo a un procedimiento más elaborado que implica al menos un cálculo de suma o resta.
»El siguiente paso fue necesario por la extensión de los viajes hacia el sur: cuando los observadores se acercan al ecuador, Polaris queda más cerca del horizonte y es cada vez más difícil de observar debido a la refracción atmosférica; cuando rebasan el ecuador, además, la estrella se sumerge por debajo del horizonte. La solución fue utilizar otro objeto celeste: el Sol. Se sabía que la altura del Sol sobre el horizonte —medida al mediodía cuando cruzaba el meridiano local— podía utilizarse para obtener la latitud local. Para ello había que tener en cuenta la declinación del Sol a mediodía.
»La altura del Sol (ho) sobre el horizonte local podía medirse con un cuadrante o un astrolabio marino; […] este valor se combinaba con la declinación del Sol (δ) para el día concreto, y la latitud (Φ) se calculaba entonces mediante una fórmula general para la culminación superior o pasaje del astro por el meridiano celeste local: Φ = z + δ (donde z = 90° – ho).»
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